Información sobre el embarazo < Trimestres del embarazo < Segundo trimestre de embarazo

Segundo trimestre de embarazo

Durante el cuarto mes, el feto desarrolla los labios, las yemas de los dedos y el pelo en la cabeza. Empiezan los movimientos de succión y el niño ingiere pequeñas cantidades de líquido amniótico.

El feto se mueve y gira frecuente y ostensiblemente dentro del saco amniótico. En el curso del quinto mes es posible ya percibir los latidos del corazón y todo el cuerpo se cubre de un fino manto velloso.

El feto responde también a los sonidos y pasa parte del tiempo dormido y parte despierto. Llegado el sexto mes, el feto abre los ojos y tiene pelo largo en la cabeza. Al final del segundo trimestre el tamaño del niño es de 30 cm de largo y su peso de 600 a 700 gr. Caso de nacer en esta fase, tiene muy pocas probabilidades de vida.

 

Síntomas del embarazo segundo trimestre de embarazo

El segundo trimestre es para la mujer gestante un periodo de múltiples alteraciones físicas. La cintura empieza a colgar, el abdomen se hincha, la línea del busto se expande y las prendas que utilizaba no encajan muy bien con el perfil de su figura.

Es posible que esta desfiguración le preocupe, o, por el contrario, puede que se sienta feliz y dichosa de que todo el mundo sepa que está encinta.

Al término del cuarto mes (entre la decimosexta y la decimoctava semana), suele advertir el movimiento del feto y sentir la presencia de otra vida en su interior. Suele ser éste un momento de alivio, dado que la criatura envía “señales” de que todo va bien.

Durante las semanas que siguen, conforme el feto se retuerce y patalea con más intensidad, la novedad y el mágico asombro del primer momento desaparecen a veces y dan lugar a sensaciones de molestia o fastidio.

Es posible que la madre fluctúe entre sentimientos de amor y ternura hacia el hijo aún no nacido que se manifiesta en sus entrañas, pero que a la vez le incomode el hecho de sentirse controlada por el feto.

Durante el segundo trimestre, el útero se agranda considerablemente y se eleva en el interior del abdomen, lo que suele producir malas digestiones y estreñimiento. La piel del abdomen se estira y a veces aparecen en ella manchas rojizas o rosáceas producto de ese estiramiento.

Aumenta visiblemente el tamaño de las mamas, los pezones se agrandan y cobran una tonalidad más intensa, la areola se ensancha y muchas veces fluye de los pezones el calostro, un líquido claro y amarillento, precursor de la leche.

Estas alteraciones son consecuencia de la secreción de hormonas producida por la placenta y prepara el pecho materno para la ulterior producción de la leche.

Hay otros cambios físicos que pueden producir anomalías leves. En virtud de la presión que ejerce el útero en desarrollo, se empiezan a formar algunas veces varices en las piernas y hemorroides. El mayor volumen de sangre puede provocar hemorragias nasales.

La retención de líquidos origina en ocasiones edema o hinchazón de manos, muñecas, tobillos y pies. Por otro lado, desaparecen las náuseas características del primer trimestre y la mujer suele mostrar gran apetito.

En el plano psicológico, el segundo trimestre es un periodo de relativo sosiego y confianza. La mayoría de las mujeres se han hecho ya a la idea de su estado y se sienten más animosas que en los primeros meses.

Una compensación placentera propia de esta fase es el incremento de la sensualidad. No es raro que algunas mujeres tengan sus primeros orgasmos en este periodo.

 

El padre en el segundo trimestre

Durante el segundo trimestre, con la perspectiva del alumbramiento todavía lejana, a menudo el padre desea implicarse más estrechamente en el embarazo de su compañera.

Puede apreciar los cambios operados en el cuerpo de ella, si bien estas alteraciones son graduales y le permiten adaptarse de forma paulatina.

Lo más probable es que percibir como el niño se revuelve o da patadas le proporcione una mayor sensación de contacto, de que el niño realmente está allí.

Por otro lado, la renovada energía y vitalidad de su compañera es tranquilizadora y da ocasión de que la pareja pase más tiempo junta, un placentero interludio que terminará antes de lo deseado con la llegada del bebé.

Por regla general, el padre ya no se siente acuciado por los temores del primer trimestre sobre la supuesta fragilidad de la criatura.

En los últimos tiempos, los padres tienden a adoptar una actitud más activa durante el embarazo de sus compañeras.

Así, pueden asistir a los chequeos prenatales y conocer de paso a la matrona de su esposa o al médico que la atenderá en el parto, y hacer preguntas que de otra forma quedarían sin respuesta, siendo una de sus mejores recompensas poder contemplar la imagen ecográfica del feto durante alguna de las revisiones a la embarazada, lo que suele ser una experiencia emocionante.