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Tercer trimestre de embarazo 

Durante el séptimo mes se completa la formación del cerebro y del sistema nervioso, el tejido adiposo crece debajo de la piel, y el lanugo o manto velloso del cuerpo desaparece en buena medida.

El niño nacido prematuramente al principio del séptimo mes tiene unas posibilidades de supervivencia del 10 por ciento, pero un mes más tarde son ya del 70 por ciento. Durante el octavo mes la piel del feto se alisa y adquiere un tono rosáceo.

Si no lo ha hecho antes, el niño va dándose la vuelta hasta colocarse con la cabeza hacia abajo. En el noveno mes el feto suele ser menos activo que hasta entonces, en parte por su tamaño y lo restringido del habitáculo uterino.

Sus ojos son azules, pero después de estar expuesto por algún tiempo a la luz real cambia muchas veces el color. Por otra parte, el niño ha adquirido anticuerpos de la madre que le protegerán de infecciones durante la primera infancia. Para cuando la gestación toca a su fin, el feto mide por término medio 50 cm y pesa entre 3,1 y 3,4 kg.

 

Síntomas en el tercer trimestre de embarazo

Se evidencian la firmeza y el creciente tamaño del útero. Cuando la mujer se pone de pie, este órgano se inclina hacia delante y altera el centro de gravedad de la gestante.

Para compensar la inclinación, hay veces que tiene que andar con los hombros hacia atrás y el pecho abombado. Sin embargo, esta postura puede provocar cefalea, que es bastante común en los últimos meses de gestación.

El útero, agrandado, comprime los vasos sanguíneos, lo que explica en parte los desagradables calambres en las piernas. Otras alteraciones provocadas por la compresión son las frecuentes ganas de orinar a causa de la presión contra la vejiga urinaria, así como la respiración jadeante, secundaria al empuje hacia arriba del diafragma.

Durante el embarazo son mucha las mujeres que tienen dificultad para controlar el aumento de peso, sobre todo en el  tercer trimestre.

Los médicos suelen recomendar que el peso límite no exceda los 10 kg ya que un sobrepeso más acentuado aumenta las probabilidades de sufrir alguna complicación. Por otro lado, los exiguos aumentos de peso pueden conllevar daño fetal, dado que lo cambios fisiológico acaecidos normalmente conllevan un incremento del orden indicado (unos 10 kg).

El aumento de peso correspondería: al niño, 3,40 kg; a la placenta y membranas, 0,68; al líquido amniótico, 0,90; al aumento del peso del útero, 1,10; sangre, 1,58, y senos, 0,45. La normal retención normal de líquido podría sumar entre 0,80 y 1,36 kilos al peso anterior.

Alrededor de la vigésima semana de gestación, incluso antes, el útero se contrae y se endurece por momentos preparándose para el parto. Como todo músculo, el útero debe tener cierto entrenamiento para soportar el trabajo de parto.

Estas contracciones se caracterizan porque abarcan todo el útero, comenzando en la parte superior y extendiéndose gradualmente hacia abajo: son las contracciones de Braxton Hicks. Aunque indoloras, son algo incómodas al provocar endurecimiento y tensión abdominal cuando aparecen.

Las contracciones de Braxton Hicks suelen durar aproximadamente 30 segundos y a medida que el embarazo avanza se van tornando más frecuentes y duraderas, incluso dolorosas. Son muy diferentes de las contracciones de parto, que son muy regulares, suceden cada 2 o 3 minutos y duran de 90 a 120 segundos cada una, sin contar que no pasan desapercibidas porque la mayoría de las veces son dolorosas.

En las mujeres que no han tenido hijos, la cabeza del feto desciende hasta la pelvis en las últimas semanas del embarazo. Cuando la parte más grande de la cabeza se halla firmemente asentada en los huesos pélvicos, se dice que está “encajado”. El encajamiento suele ocurrir durante el parto en las mujeres que ya han sido madres.

El final del último trimestre suele ser un periodo de malestar e incomodidad. A menudo, la mujer se desvela durante el sueño para encontrar una postura más confortable, o la despiertan los movimientos del feto o la imperiosa necesidad de acudir al aseo.

Las energías de la madre son escasas y la irritabilidad se acentúa. Si la mujer nunca ha dado a luz, es probable que se inquiete por los dolores y vicisitudes del parto y del alumbramiento, y quizás le preocupe que su hijo pueda sufrir alguna anormalidad.

En ocasiones la madre experimenta una mengua en la propia estima, ya que a estas alturas tiene la sensación de estar a merced del ser que lleva en su seno y condicionada por las exigencias de un cuerpo que no puede controlar enteramente.

 

El padre en el tercer trimestre

El último trimestre no deja de ser un periodo difícil para el varón. Los cambios en la figura y las molestias físicas de su pareja pueden hacer que el deseo sexual hacia ella se resienta, sin contar que a veces su compañera tampoco muestra a menudo demasiado interés sexual por él.

Según Masters y ]ohnson (1966), por las razones antedichas, el último trimestre es una época en la que a veces los hombres buscan contactos extramatrimoniales.

Los varones se sienten distanciados también por otras razones. A menudo, la gestante se muestra más apegada a su madre y según se aproxima la fecha del alumbramiento hablan y pasan más tiempo juntas.

Otras veces, la relación de la mujer encinta con su médico contribuye a que el marido se sienta postergado. Por todo ello, la vida social, los pasatiempos comunes y los pequeños avatares de la vida cotidiana dejan de ser lo que eran y se comprende que el marido desee fervientemente que pronto todo vuelva a la normalidad.

Sin embargo, la mayoría de los hombres se sienten más unidos con su pareja y se muestran fieles y agradecidos a la esposa o compañera que se halla en avanzada fase de gestación.

Por lo común, el hombre se alegra de no ser él quien pase por ese estado de buena esperanza y se preocupa de que su pareja se encuentre cómoda, manifestando su nerviosismo para cuando llegue el momento en que sea preciso trasladarla en coche al hospital, preguntándose si los servicios asistenciales sabrán estar a la altura de las circunstancias.